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Cuando se electriza una de las placas, en contacto con el electróforo, se inducen cargas en la bolilla, lo que produce su atracción como vimos en el módulo III.
Al tomar contacto, recibe cargas, y es repelida. Estas cargas son entregadas a la otra placa, y pasan a tierra por nuestro cuerpo, retornando al estado neutro, lo que permite que se repita el ciclo mientras el electróforo continúe entregando cargas.
Por supuesto, la cantidad de cargas que posee el electróforo es limitada, y a medida que va disminuyendo, la fuerza repulsiva decrece, lo que se observa al disminuir la frecuencia del vaivén de la bolilla.
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