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Cuando ponemos en contacto el electróforo con el soporte, su carga se distribuye por todo el sistema, llegando hasta el molinete. Como éste presenta dos extremos afilados, la concentración de cargas será mayor en ellos.
Una carga que se encuentre en el vértice será fácilmente despedida por las del mismo signo que la empujan desde atrás. Esa carga se incorporará a alguna molécula de aire cercana, y se producirá una repulsión entre esa molécula y el vértice del molinete, provocando el retroceso de éste.
Mientras sigamos suministrando cargas, el proceso se repetirá para otras moléculas del aire, generando lo llamado "viento eléctrico".
Las fuerzas aplicadas a ambos extremos del molinete originan una cupla, que es la que produce su rotación.
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