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En el primer caso no se evidencian fuerzas entre el paño y el disco: éste, naturalmente, cae.
En la segunda operación el disco permanece adherido al paño: ha aparecido una fuerza de atracción entre ambos elementos, igual o mayor que el peso del disco.
Debemos suponer, de acuerdo a lo expresado en párrafos anteriores, al referirnos a las cargas eléctricas, que durante la fricción uno de esos cuerpos ha cedido electrones al otro, quedando ambos cargados eléctricamente con signos contrarios.
Surge de aquí nuestra primera conclusión:
Entre cuerpos cargados eléctricamente con signos contrarios existen fuerzas de atracción.
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